¿Cómo influye el ejercicio en la inflamación del cuerpo?
Durante años, se ha considerado que la inflamación es una respuesta del sistema inmune ante una amenaza. Pero cuando esta inflamación se vuelve crónica, silenciosa y persistente, se relaciona con patologías como la diabetes tipo 2, la obesidad, enfermedades cardiovasculares o el síndrome metabólico.
Afortunadamente, el ejercicio regular tiene un poderoso efecto antiinflamatorio. Y no solo porque ayuda a reducir el tejido adiposo: también porque activa una comunicación fisiológica compleja a través de unas moléculas llamadas exerquinas.
¿Qué son las exerquinas?
Las exerquinas son mensajeros moleculares que se secretan durante y después del ejercicio físico. Se agrupan según el tejido que las libera:
- Miokinas: secretadas por el músculo esquelético
- Adipokinas: derivadas del tejido adiposo
- Hepatokinas: producidas por el hígado
Estas sustancias permiten que el cuerpo se comunique internamente para adaptarse al esfuerzo físico. Entre todas, las miokinas han demostrado tener un impacto especialmente positivo sobre la inflamación crónica.

IL-6: una citoquina, dos caras
Una de las exerquinas más estudiadas es la interleucina 6 (IL-6). Esta molécula puede actuar como proinflamatoria o antiinflamatoria, dependiendo del tejido que la libere y del contexto:
- Secretada por el tejido adiposo: IL-6 tiene un papel proinflamatorio. Su presencia elevada en personas con sobrepeso u obesidad está asociada a inflamación crónica y mayor riesgo de enfermedad metabólica.
- Secretada por el músculo durante el ejercicio: IL-6 actúa como una miokina con propiedades antiinflamatorias. Estimula la producción de otras sustancias como la IL-10 (antiinflamatoria) e inhibe TNF-α (factor de necrosis tumoral alfa), un potente promotor de inflamación.
¿Por qué se libera IL-6 desde el músculo?
Durante el ejercicio, especialmente en deportes de resistencia (como el running, el ciclismo o la natación de larga distancia), el músculo:
- Se contrae repetidamente, lo que estimula la secreción de IL-6.
- Agota su glucógeno, lo que activa vías metabólicas que favorecen la liberación de esta molécula.
Esta IL-6 muscular ayuda a movilizar energía, regular el metabolismo y modular la respuesta inflamatoria.
Lo que dice la ciencia: ejercicio, miokinas e inflamación
Numerosos estudios han demostrado que el ejercicio regular, en especial el aeróbico o de resistencia, incrementa la secreción de miokinas con efectos beneficiosos:
- Reducción de la inflamación crónica: las miokinas bloquean la acción de citoquinas proinflamatorias y promueven un entorno más saludable a nivel sistémico.
- Mejora del perfil metabólico: regulan la sensibilidad a la insulina y la oxidación de grasas.
- Prevención de enfermedades: se observa una menor incidencia de patologías asociadas al síndrome metabólico, como la diabetes tipo 2 o la arteriosclerosis.
- Salud cardiovascular: gracias a su acción antiinflamatoria y vasodilatadora, las miokinas protegen el endotelio (pared interna de los vasos sanguíneos).
Un artículo publicado en Nature Reviews Immunology resalta el papel de la IL-6 muscular como «señal de alarma saludable» que prepara al organismo para el esfuerzo y previene respuestas inflamatorias patológicas.
Conclusión: moverse es medicina
Lejos de ser solo una forma de quemar calorías, el ejercicio es una herramienta fisiológica compleja y poderosa para regular la inflamación.
Gracias a las exerquinas, especialmente a las miokinas como la IL-6, el deporte actúa como un modulador natural del sistema inmune y metabólico. Por eso, mantener una actividad física regular, adaptada y placentera no solo mejora el rendimiento deportivo, sino también reduce el riesgo de enfermedades inflamatorias y crónicas.
Tu cuerpo te habla cuando te mueves. Escúchalo.
